Muchas empresas pagan cada mes por un «mantenimiento» que se limita a pulsar el botón de actualizar. Todo parece en orden hasta el día en que algo falla y nadie sabe qué ha pasado ni cómo volver atrás. Un buen mantenimiento se nota precisamente cuando todo va bien, porque alguien se ha adelantado a los problemas.
Copias de seguridad fuera del servidor
Una copia guardada en el mismo servidor que la web sirve de poco si es el servidor el que falla. Las copias deben salir fuera, cada día, y conservarse varias semanas.
- Copia diaria automática, guardada fuera del servidor.
- Varias copias anteriores, por si el fallo viene de días atrás.
- Una restauración de prueba de vez en cuando, para saber que funcionan.
Consejo: pregunta a tu proveedor dónde se guardan tus copias y cuándo fue la última vez que se restauró una.
Actualizar con cabeza
Actualizar no es solo pulsar un botón: después hay que comprobar que la web sigue funcionando, que el formulario envía y que nada se ha descolocado. Y si una actualización da problemas, se vuelve a la versión anterior antes de que lo note nadie.
Vigilancia y avisos
Tu web debería estar vigilada aunque no la mires: si se cae, si caduca el certificado de seguridad o si alguien intenta entrar, quien la mantiene tiene que enterarse antes que tus clientes.
Horas para mejorar, no solo para apagar fuegos
La diferencia entre un mantenimiento correcto y uno bueno está en las horas que se dedican a mejorar: una sección nueva, textos más claros o una página que cargue más rápido. Es lo que hace que la web crezca con tu negocio en lugar de quedarse anticuada.



